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Orgullo santafesino

De carpintería familiar a fabricar el sillón de León XIV: el hito en la historia de Mehring

La histórica fábrica de sillas de Esperanza recibió el encargo de producir el sillón que utilizará el Papa durante su visita al Cottolengo Don Orione. Gustavo Mehring contó cómo surgió el pedido, los detalles del proceso y repasó la historia de una empresa que ya transita su tercera generación

Bibiana y Gustavo Mehring con el sillón para el Papa León XIV

Hay trabajos que trascienden el propio oficio y representan un hito en la trayectoria de una empresa. Para Mehring, la histórica fábrica de sillas de Esperanza, uno de esos momentos llegó hace algunos meses, al recibir un pedido muy particular: fabricar el sillón que utilizará el papa León XIV durante su visita al Cottolengo Don Orione, en el marco de su llegada a Argentina. Con 73 años de experiencia en el rubro, la firma santafesina asumió una responsabilidad que sus propios dueños consideran el trabajo más icónico desde sus comienzos.

El encargo no fue uno más dentro de la actividad cotidiana de la fábrica. Además del sillón destinado al Papa, Mehring asumió la fabricación y donación de otras dos sillas que utilizarán quienes van a acompañar al Pontífice durante la histórica ceremonia del próximo 9 de noviembre. La entrega se concretó este martes en las instalaciones del Cottolengo, en un encuentro que también permitió a los representantes de la empresa conocer de cerca el trabajo que desarrolla la institución.

“Fue una grata sorpresa que nos reciban y que nos muestren el instituto, que es un orgullo para el país. Quedamos gratamente sorprendidos por el trabajo que hacen”, contó Gustavo Mehring, uno de los propietarios de la firma, durante la entrevista con Red Boing.

Gustavo en su visita al Cottolengo Don Orione, con motivo de la entrega

La propuesta llegó a través de la arquitecta responsable de la ceremonia que se realizará en el establecimiento. El contacto fue directo y la consulta, concreta. “Nos preguntó si podíamos hacer un sillón para el papa León XIV. Por supuesto que accedimos inmediatamente y nos pusimos a disposición. Le ofrecimos la donación del sillón y las dos sillas”, recordó Gustavo.

A partir de allí comenzó un proceso de intercambio para definir el diseño. La organización tenía algunas referencias vinculadas con los sillones que utiliza el Papa en Roma, aunque buscaba una propuesta sencilla, sin demasiados elementos ornamentales. Mehring presentó sus propias alternativas y el modelo terminó de definirse mediante intercambios virtuales.

“Ellos tenían algunas ideas, pero querían algo simple en diseño. Ahí le propusimos nuestras ideas en función de lo que teníamos como referencia”, explicó.

 

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El resultado fue una pieza de importante presencia visual, con tapizado en pana blanca, tachas color óxido y una estructura de madera de guatambú, un material que la empresa utiliza habitualmente en su producción. Todos los componentes son de industria nacional.

El desafío también exigió adaptar las referencias iniciales a las posibilidades técnicas de la fábrica. “Tratamos de respetar las medidas y adaptarlo a nuestra fabricación”, señaló. El desarrollo llevó cerca de 30 días, durante los cuales el equipo trabajó especialmente sobre las piezas, las uniones y las terminaciones, en paralelo con los demás pedidos de la empresa.

El nivel de dedicación respondió a la relevancia del encargo y a la necesidad de cuidar cada detalle de una pieza que tendrá un lugar destacado durante la visita papal. “El intercambio para el modelo se fue cotejando virtualmente, tampoco tuvieron muchos requerimientos, ellos confiaron plenamente en nosotros”, destacó Gustavo.

Para una firma que lleva más de siete décadas fabricando muebles, el significado del encargo excede la dimensión comercial. En su historia aparecen trabajos de gran escala y clientes de distintos puntos del país, pero ninguno tuvo hasta ahora una relevancia simbólica semejante.

“Nunca hicimos un trabajo de tanta relevancia, es lo más icónico en 73 años de vida”, afirmó Gustavo. Entre los antecedentes recordó la fabricación de 1.000 sillas para el Museo del Bicentenario, en Buenos Aires, una experiencia importante para la compañía, aunque distinta por el significado de este último pedido.

Una historia que empezó en una carpintería

Detrás de este trabajo hay una empresa familiar que atravesó distintas etapas de crecimiento sin abandonar el oficio que le dio origen. Mehring nació hace más de 73 años en Esperanza, cuando Gerardo Mehring, padre de Gustavo, puso en marcha una pequeña carpintería dedicada a reparaciones y trabajos a pedido.

Con el paso del tiempo, aquel taller comenzó a especializarse en la fabricación de sillas. Durante la década de 1980 dio un salto productivo que la convirtió en la primera fábrica de sillas del país. En esa etapa incorporó tecnología italiana para modernizar sus procesos y ampliar su capacidad de producción.

La evolución no se detuvo allí. A la fabricación de sillas se sumaron otros productos y hoy la empresa cuenta con un catálogo que incluye poltronas, mesas de comedor, vajilleros y distintos tipos de muebles que se comercializan en todo el territorio argentino.

La conducción continúa con Gustavo y sus hermanos, mientras que algunos integrantes de la tercera generación ya comenzaron a incorporarse a la actividad. La continuidad familiar convive con una estructura industrial que fue creciendo a la par del negocio.

 

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Actualmente, Mehring cuenta con 36 empleados y dos plantas productivas que suman más de 3.700 metros cuadrados. Una de ellas, de 1.200 metros cuadrados, está destinada al secado de la madera y la fabricación de estructuras. La segunda, de 2.500 metros cuadrados, concentra las tareas de lustre, tapizado, embalaje y expedición.

Aunque la tecnología ganó terreno en la fabricación de muebles, todavía hay etapas en las que la experiencia y el trabajo manual resultan fundamentales. “Hoy por hoy la fabricación de sillas incorporó mucha tecnología, pero la parte de tapicería y lustre convive con el trabajo artesanal y manual”, explicó Gustavo.

Esa combinación entre maquinaria, conocimiento técnico y oficio es parte de la identidad que la empresa construyó a lo largo de su trayectoria. También fue lo que le permitió responder a un pedido especial como el del Cottolengo, donde había que cuidar cada detalle de una pieza que quedará asociada a una visita histórica.

Una distinción en medio de un escenario complejo

El reconocimiento que representa el encargo llega en un momento difícil para la industria del mueble. Pese a la experiencia acumulada y a su presencia consolidada en el mercado, Mehring no está ajena a las dificultades que atraviesa el sector.

Gustavo reconoció su preocupación por el contexto económico y describió un escenario marcado por la retracción de la demanda y la competencia de los productos importados. “Tanto nosotros como la mayoría de la industria del mueble estamos atravesando una crisis profunda, marcada por el bajo consumo en general y por la apertura importadora”, sostuvo.

La situación adquiere una dimensión particular en Esperanza, una localidad que construyó buena parte de su identidad productiva alrededor de la fabricación de muebles y de la actividad metalmecánica. Allí conviven empresas pequeñas y grandes vinculadas a distintas etapas de la cadena industrial, por lo que las dificultades del sector repercuten sobre un entramado productivo más amplio.

“Estamos hablando de la localidad de Esperanza, un polo productivo del mueble, donde se radicaron pequeñas y grandes empresas del sector, pero también del rubro metalmecánica”, señaló.

En ese contexto, el pedido del Cottolengo representa una experiencia que trasciende las preocupaciones cotidianas de la actividad. Para Mehring, el sillón que utilizará León XIV será mucho más que un nuevo producto terminado, quedará como una marca imborrable en la historia de una empresa que comenzó con una pequeña carpintería y que, más de siete décadas después, encontró en un encargo honorífico uno de los momentos más significativos de su recorrido.

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